sábado, 27 de julio de 2019

DIOS EXISTE… ¿NO? - Fundamentos (parte 1)


Photo by Joshua Earle

 ¿Es necesario Dios?

Desde siempre el hombre ha mirado hacia el cielo planteando interrogantes, buscando respuestas. Comenzó adorando todo aquello que no podía controlar o que le superaba: el sol, el fuego, la tierra, los animales salvajes… Nació así el culto a multitud de dioses, que han poblado la mente del hombre durante milenios, pero que no han sabido responder ni explicar satisfactoriamente los grandes interrogantes: ¿por qué existe el hombre?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde se dirige la humanidad?, ¿por qué el sufrimiento, la enfermedad, la vejez?, ¿hay algo detrás de la muerte? Preguntas que, llevadas al terreno personal, suscitan dudas más profundas que muchos temen plantearse: ¿para qué vivo?, ¿tiene sentido mi vida tal y como es?, ¿puedo esperar algo más de ella?, ¿es posible ser feliz?

Hoy en día muchos piensan que el hombre no es más que el fruto de un azar caprichoso y de un destino que, hasta cierto punto, puede marcar cada uno. La vida es lo que ves, lo que tocas, lo que sientes. No hay nada más allá.

Otros tienen la intuición de que algo debe existir más allá de lo que perciben nuestros sentidos: una energía, una presencia… ¡o quizá extraterrestres! Pero la relación con ese algo más que existe es nula. ¿Qué más da que exista algo, si no tiene nada que ver con mi vida, si no interfiere ni me afecta en absoluto?

Realmente son pocos los que tienen el convencimiento de que debe existir un dios.

Todo ello nos lleva a plantearnos la existencia de dios (o de dioses). Pero, ¿por qué cada religión tiene el suyo y lucha por hacerlo prevalecer? ¿Son iguales todos los dioses? ¿Cuál es el verdadero? ¿Puedo crearme uno a mi medida? 

¿Se escribe dios (con minúscula) o Dios (con mayúscula)?



Las personas que creen que existe un dios necesitan relacionarse con él. Eso es la religión: creencia y relación. La religión genera lazos con las personas que profesan la misma creencia (fe). Es con ellos con los que se comparten momentos de oración y adoración al dios en cuestión. La oración es entablar un diálogo con dios; la adoración, reconocer la pequeñez de la persona frente a su grandeza y poder.

Dependiendo de si se adora a un dios o a más se habla de religión monoteísta (como el cristianismo, el islam, la religión judía) o politeísta (como el hinduismo).

Las tres grandes religiones monoteístas tienen un tronco común que arraiga en la religión del pueblo de Israel. El Cristianismo nace con la persona de Jesús de Nazaret, hace veinte siglos. El Islam se inició con la predicación de Mahoma, en el siglo VII.

Los cristianos hablamos de Dios (con mayúscula) y decimos que es único pero no solitario (por eso a continuación aclaramos que son tres personas diferentes pero un solo Dios: la Trinidad). La gran diferencia con las otras religiones monoteístas y con cualquier otra es precisamente la persona de Jesús de Nazaret (al que comúnmente llamamos Jesucristo). Es una de las tres personas de la Trinidad. Es decir, aparte de que fue un hombre de carne y hueso, fue, es y será Dios mismo. No vamos a ahondar más en este tema de momento. Lo abordaremos más adelante.

La cuestión es que en el cristianismo confesamos que la persona de Cristo (con su predicación y su estilo de vida, pero sobre todo por su muerte y resurrección) es la que completa y da sentido a toda la existencia del hombre y del universo. Da respuesta además a todos los interrogantes que las personas nos podemos plantear.

viernes, 26 de julio de 2019

DIOS EXISTE… ¿NO? - Fundamentos (parte 2)


Photo by Greg Rakozy

 

¿Se puede probar que existe Dios?

Hay quien dice que probar la existencia de Dios es tan difícil como probar su no existencia. Lo cierto es que hay muchos argumentos para demostrar que Dios existe. A lo largo de la historia, sesudos pensadores y filósofos han expuesto caminos que llevan a concluir en esa existencia (véase, por ejemplo, Santo Tomás de Aquino y sus cinco vías).

Nuestro objetivo no es repasar estos argumentos, sino tan solo lanzar alguna idea que permita a quien quiera con un corazón y una mente abiertos y honestos, reflexionar sobre el tema.

La cuestión es: ¿se puede demostrar científicamente la existencia de Dios? ¿Hay argumentos matemáticos, físicos… que nos permitan concluir con absoluta certeza que Dios existe?

Evidentemente, la respuesta es no. Pero si ese el rasero para certificar su no existencia, también deberíamos plantearnos si se puede demostrar científicamente la no existencia de Dios.

Algunos argumentos y contra-argumentos a este respecto:

1. Hay quien plantea que Dios no existe porque nadie lo ha visto. Entonces, ¿el amor, la esperanza, los celos… no existen?

2. Hay quien dice que Dios es un invento de los curas, que nos quieren convencer de algo que ni siquiera ellos han visto. Bien, yo tampoco he visto Plutón, una onda gravitacional, un quark o incluso Nueva Zelanda. Pero eso no quiere decir que no confíe en la gente que sí lo ha visto o han experimentado sobre ello. No creo que todos ellos me quieran engañar. 

3. Hay quien defiende que el Universo se creó solo, que no hizo falta nadie. Fue el resultado de una gran explosión a la que se llama Big Bang y de un largo proceso de ordenación, evolución y especialización.

Cuando me plantean este argumento no puedo evitar levantar los ojos al cielo y plantearme si todo lo que veo podría ser obra del azar. 

Hace poco leía un enunciado de la segunda Ley de la Termodinámica que me parecía bastante esclarecedor. Dice así: “un sistema aislado o bien permanece cerrado, o bien evoluciona hacia un estado más caótico que el original, pero nunca hacia otro más ordenado.” Cada cual que saque sus conclusiones.

   Yo soy poco de teorías y más de poner ejemplos. Cuando alguien me pregunta sobre esto, pongo una comparación muy sencilla: ¿cómo está tu habitación cuando pasan días, semanas… sin limpiarla ni arreglarla? Lo normal es que el caos se haya apoderado de ella y sea complicado hasta encontrar la cama debajo de montones de ropa. Es decir, para que la habitación vuelva a ser un sitio habitable y limpio necesita la intervención de algún espíritu bondadoso (como el de tu madre).

   Otro ejemplo que me viene a la cabeza: ¿es plausible o lógico pensar que, tras la explosión de un edificio (pensemos en esas imágenes de demoliciones que hemos visto alguna vez), los escombros se ordenen y formen de nuevo algo que no sea un caos?

   Pues eso mismo creo que lo podemos extrapolar a lo que ocurrió en el Universo. No parece probable que, de un principio caótico (por esa gran explosión que llamamos Big Bang o por lo que sea), las partículas y la materia se ordenaran motu proprio para generar galaxias, constelaciones, sistemas solares, planetas y, por último, en un arranque de iniciativa y originalidad, la vida en un pequeño planeta de un sistema solar perdido de una galaxia en un rincón del Universo. Y por si aún nos parece poco, esa vida se organizó, diferenció y especializó para llegar a dar lugar un buen día, sin motivo aparente, a seres inteligentes que tomaron conciencia de sí mismos y de su entorno y comenzaron a hacerse preguntas. Ahí es nada.

   Incluso aunque fuéramos capaces de encontrar un argumento científico consistente sobre todo lo anterior, para ser honestos nos quedaría hacernos una pregunta: ¿de dónde salió esa primera materia que explotó dando lugar a lo que hoy conocemos como Universo? ¿Pudo explotar la nada? ¿Qué había antes de esa explosión? ¿Solo había energía? ¿Y de dónde salió?
     Todo en el universo material debe tener una causa o un principio. Para nosotros los cristianos ese principio es Dios. 

       Decía San Juan Pablo II: “Hablar de azar delante de un universo en el que existe tal complejidad en la organización de sus elementos y una intencionalidad tan maravillosa en su vida, sería igual a abandonar la búsqueda de una explicación del mundo como él se nos muestra. De hecho, sería equivalente a aceptar efectos sin causa. 

4. Otra pregunta que surge a menudo a raíz de lo anterior es quién creó a Dios, es decir, que también Dios tuvo que tener un origen en el tiempo y en el espacio. La respuesta es sencilla: es Dios quien creó el tiempo y el espacio, o lo que es lo mismo, el mundo material. Según eso, Dios ha existido desde siempre, es intemporal, no está constreñido a los límites ni a las leyes que rigen el tiempo y el espacio. Dios es espíritu puro.




jueves, 25 de julio de 2019

DIOS EXISTE… ¿NO? - Fundamentos (parte 3)


Photo by Samantha Sophia

 ¿Fe o razón?

A partir de todos estos argumentos que se han expuesto hasta aquí, ¿podríamos concluir que Dios existe? ¿Tenemos ya las herramientas para defender nuestra fe?

Evidentemente, no. Pero nos dan ciertas ideas que, lejos de ser irracionales, explican de manera lógica ciertos aspectos que nos podría costar encajar.

La cuestión es que la fe no es ilógica. Al contrario, completa al conocimiento científico y empírico y permite una visión de la realidad desde un ángulo distinto, más amplio.

Quizá el problema cuando hablamos de la fe es el concepto que tenemos de ella. La “definición” más extendida de fe es aquella que dice algo así como que tener fe es creer en algo o en alguien sin tener pruebas, simplemente porque lo dice alguien con autoridad. O más conciso: creer a pies juntillas lo que no ves.

Pero la fe es algo distinto. Como dice el catecismo de la Iglesia Católica, la fe es una respuesta tuya, personal y libre, a una propuesta que te hace Dios. Esa propuesta que surge a iniciativa de Dios viene a través de alguien que comparte su fe contigo, y tú puedes aceptarla o rechazarla. Realmente la fe es la respuesta a un encuentro con Dios mismo.

Pero… ¿cómo podemos encontrarnos con alguien que es espíritu puro, al que no puedo ver? Esta es la pregunta del millón. Porque si realmente tengo experiencia de que Dios existe, de que es real (aunque no material), la fe surge sola. Nadie puede convencerme de lo contrario. Pero si no tengo esta experiencia mi fe es pura teoría, una filosofía: es igual de válida que cualquier otra y careceremos de argumentos para rebatir a quien exprese lo contrario.

Por tanto, nos toca revisar nuestra fe. ¿Es una fe de libro de texto, o el resultado de unas catequesis de primera comunión o de simplemente escuchar a nuestros padres o abuelos? Porque si nuestra fe se quedó del tamaño de nuestro traje de primera comunión o de la mantita con la que nos arropaba nuestra abuela mientras nos hablaba de Dios… ¡estamos de enhorabuena! ¿Por qué? Pues porque estamos a punto de emprender el viaje más intenso y deslumbrante que pudiéramos imaginar: ¡el viaje de la fe!

Este viaje nos debe llevar precisamente a buscar con corazón sencillo ese encuentro personal con Dios, esa experiencia que nos llevará a estar seguros y convencidos de su existencia.

Lo cual nos lleva de nuevo a la pregunta sobre cómo encontrarnos con Dios. La respuesta no se puede dar en una línea. Vamos a tratar de darle respuesta a lo largo de las entradas de este blog. Porque Dios tiene un rostro visible: su hijo Jesucristo. Y Dios también habla: a través de las personas, de los acontecimientos que tienen lugar en tu vida… Y a Dios también se le siente y se sienten los efectos de su presencia: el Espíritu Santo. Pero hay que tener los ojos, los oídos y el corazón preparados para poder encontrarnos con Él.