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Photo by Joshua Earle
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¿Es necesario Dios?
Desde siempre el hombre ha mirado hacia el cielo planteando
interrogantes, buscando respuestas. Comenzó adorando todo aquello que no podía
controlar o que le superaba: el sol, el fuego, la tierra, los animales
salvajes… Nació así el culto a multitud de dioses, que han poblado la mente del
hombre durante milenios, pero que no han sabido responder ni explicar
satisfactoriamente los grandes interrogantes: ¿por qué existe el hombre?, ¿de
dónde venimos?, ¿a dónde se dirige la humanidad?, ¿por qué el sufrimiento, la
enfermedad, la vejez?, ¿hay algo detrás de la muerte? Preguntas que, llevadas
al terreno personal, suscitan dudas más profundas que muchos temen plantearse:
¿para qué vivo?, ¿tiene sentido mi vida tal y como es?, ¿puedo esperar algo más
de ella?, ¿es posible ser feliz?
Hoy en día muchos piensan que el hombre no es más que el
fruto de un azar caprichoso y de un destino que, hasta cierto punto, puede
marcar cada uno. La vida es lo que ves, lo que tocas, lo que sientes. No hay
nada más allá.
Otros tienen la intuición de que algo debe existir más allá
de lo que perciben nuestros sentidos: una energía, una presencia… ¡o quizá
extraterrestres! Pero la relación con ese algo
más que existe es nula. ¿Qué más da que exista algo, si no tiene nada que
ver con mi vida, si no interfiere ni me afecta en absoluto?
Realmente son pocos los que tienen el convencimiento de que
debe existir un dios.
Todo ello nos lleva a plantearnos la existencia de dios (o
de dioses). Pero, ¿por qué cada religión tiene el suyo y lucha por hacerlo
prevalecer? ¿Son iguales todos los dioses? ¿Cuál es el verdadero? ¿Puedo
crearme uno a mi medida?
¿Se escribe dios (con minúscula) o Dios (con mayúscula)?
Las personas que creen que existe un dios necesitan
relacionarse con él. Eso es la religión: creencia y relación. La religión
genera lazos con las personas que profesan la misma creencia (fe). Es con ellos
con los que se comparten momentos de oración y adoración al dios en cuestión.
La oración es entablar un diálogo con dios; la adoración, reconocer la pequeñez
de la persona frente a su grandeza y poder.
Dependiendo de si se adora a un dios o a más se habla de
religión monoteísta (como el cristianismo, el islam, la religión judía) o
politeísta (como el hinduismo).
Las tres grandes religiones monoteístas tienen un tronco
común que arraiga en la religión del pueblo de Israel. El Cristianismo nace con
la persona de Jesús de Nazaret, hace veinte siglos. El Islam se inició con la
predicación de Mahoma, en el siglo VII.
Los cristianos hablamos de Dios (con mayúscula) y decimos
que es único pero no solitario (por eso a continuación aclaramos que son tres
personas diferentes pero un solo Dios: la Trinidad). La gran diferencia con las
otras religiones monoteístas y con cualquier otra es precisamente la persona de
Jesús de Nazaret (al que comúnmente llamamos Jesucristo). Es una de las tres
personas de la Trinidad. Es decir, aparte de que fue un hombre de carne y
hueso, fue, es y será Dios mismo. No vamos a ahondar más en este tema de momento.
Lo abordaremos más adelante.
La cuestión es que en el cristianismo confesamos que la persona
de Cristo (con su predicación y su estilo de vida, pero sobre todo por su
muerte y resurrección) es la que completa y da sentido a toda la existencia del
hombre y del universo. Da respuesta además a todos los interrogantes que las
personas nos podemos plantear.



