
Photo by Jason Wong

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¿Y dónde está Dios?
Es cierto que es difícil creer en algo que no se ve. Pero ya
hemos visto que hay muchas cosas que no hemos visto y sin embargo tenemos pleno
convencimiento de que son reales. ¿Quién ha visto un virus, un bosón, la
gravedad o los celos, por poner algunos ejemplos? Pero confiamos en que quienes
los han visto, sentido o experimentado no nos engañan.
Y es que Dios pertenece a una esfera distinta al mundo
material en el que nos movemos. Dios es espíritu puro. Y ciertamente se puede
hablar de que existe lo que podríamos llamar un cosmos espiritual, inmaterial e
intemporal.
Es curioso que cuando preguntas por Dios la respuesta es que
no se puede creer en algo que no se ve. Sin embargo, si cuestionas la
existencia de espíritus, la respuesta habitual es que sí existen. Luego parece
que hay cierto consenso sobre la existencia de lo inmaterial, de un mundo que
está más allá de lo que vemos, oímos o tocamos.
Puesto que Dios pertenece a ese cosmos espiritual, no tiene
mucho sentido preguntarse “dónde” está Dios. El cielo, tal como lo consideramos
los cristianos, no es un lugar en el universo (no es el cielo con sus nubes ni
tampoco el espacio con sus estrellas). El cielo se puede considerar un estado,
es estar con Dios: es la alegría eterna de saberte amado y corresponder
cumpliendo su voluntad.
¿Se puede vivir sin Dios?
La pregunta sería más bien: ¿se puede entender la vida y mi
vida si Dios no existiera?
Hay muchas personas que viven de espaldas a Dios, muchos
convencidos de que no existe. Por lo tanto, se puede vivir sin Dios. Igual que
se puede vivir sin salir nunca de casa, sin probar el chocolate, sin sentirte
amado por nadie… Es decir, hay muchas formas de vivir la vida; pero eso no
quiere decir que sean plenas.
Vivir sin Dios supone no hacerte demasiadas preguntas sobre
el sentido de la vida y darle mucho peso al azar. Si somos fruto de la
casualidad, si nuestra vida no tiene más trascendencia que los años que
vivamos, si con la muerte se acaba todo… ¿por qué sufrir?, ¿por qué vivir
limitado por el cuerpo, por las enfermedades, por las leyes, por las personas?
Como decía San Pablo, “comamos y bebamos,
que mañana moriremos”. Razonamientos de este estilo son los que han llevado
a multitud de personas a morir en angustia y desesperación, o incluso a
quitarse la vida. Porque, seamos sinceros, si no hay Dios la vida pierde
bastante sentido. Si todo se reduce al aquí
y ahora, ¿qué ocurre cuando mi aquí y
ahora no me gusta, si no le veo salida? La vida se vuelve gris y pesada.
Los años se escapan, las alegrías se vuelven demasiado frugales… y no hay
esperanza de que la cosa cambie.
Vivir con Dios es vivir en la esperanza. Es saber que hay
Alguien que cuida de ti, al que le importas tanto que es capaz (que ha sido
capaz) de todo. ¿Acaso no nos alegra el corazón sentir que nos quieren? ¡Cuánto
más si además podemos corresponder!
Si Dios nos ama, ¿por qué la enfermedad, el sufrimiento, las catástrofes…, la muerte?
Sobre esto hablaremos más adelante. De momento, solo una
pequeña reflexión. ¿Seguro que es tan malo todo eso? Si consideramos que la
muerte es lo peor que puede ocurrir, desde luego hay cosas que no tienen mucho
sentido. Pero… ¿y si la muerte no fuera el final, sino el principio de una
historia maravillosa?

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