jueves, 25 de julio de 2019

DIOS EXISTE… ¿NO? - Fundamentos (parte 3)


Photo by Samantha Sophia

 ¿Fe o razón?

A partir de todos estos argumentos que se han expuesto hasta aquí, ¿podríamos concluir que Dios existe? ¿Tenemos ya las herramientas para defender nuestra fe?

Evidentemente, no. Pero nos dan ciertas ideas que, lejos de ser irracionales, explican de manera lógica ciertos aspectos que nos podría costar encajar.

La cuestión es que la fe no es ilógica. Al contrario, completa al conocimiento científico y empírico y permite una visión de la realidad desde un ángulo distinto, más amplio.

Quizá el problema cuando hablamos de la fe es el concepto que tenemos de ella. La “definición” más extendida de fe es aquella que dice algo así como que tener fe es creer en algo o en alguien sin tener pruebas, simplemente porque lo dice alguien con autoridad. O más conciso: creer a pies juntillas lo que no ves.

Pero la fe es algo distinto. Como dice el catecismo de la Iglesia Católica, la fe es una respuesta tuya, personal y libre, a una propuesta que te hace Dios. Esa propuesta que surge a iniciativa de Dios viene a través de alguien que comparte su fe contigo, y tú puedes aceptarla o rechazarla. Realmente la fe es la respuesta a un encuentro con Dios mismo.

Pero… ¿cómo podemos encontrarnos con alguien que es espíritu puro, al que no puedo ver? Esta es la pregunta del millón. Porque si realmente tengo experiencia de que Dios existe, de que es real (aunque no material), la fe surge sola. Nadie puede convencerme de lo contrario. Pero si no tengo esta experiencia mi fe es pura teoría, una filosofía: es igual de válida que cualquier otra y careceremos de argumentos para rebatir a quien exprese lo contrario.

Por tanto, nos toca revisar nuestra fe. ¿Es una fe de libro de texto, o el resultado de unas catequesis de primera comunión o de simplemente escuchar a nuestros padres o abuelos? Porque si nuestra fe se quedó del tamaño de nuestro traje de primera comunión o de la mantita con la que nos arropaba nuestra abuela mientras nos hablaba de Dios… ¡estamos de enhorabuena! ¿Por qué? Pues porque estamos a punto de emprender el viaje más intenso y deslumbrante que pudiéramos imaginar: ¡el viaje de la fe!

Este viaje nos debe llevar precisamente a buscar con corazón sencillo ese encuentro personal con Dios, esa experiencia que nos llevará a estar seguros y convencidos de su existencia.

Lo cual nos lleva de nuevo a la pregunta sobre cómo encontrarnos con Dios. La respuesta no se puede dar en una línea. Vamos a tratar de darle respuesta a lo largo de las entradas de este blog. Porque Dios tiene un rostro visible: su hijo Jesucristo. Y Dios también habla: a través de las personas, de los acontecimientos que tienen lugar en tu vida… Y a Dios también se le siente y se sienten los efectos de su presencia: el Espíritu Santo. Pero hay que tener los ojos, los oídos y el corazón preparados para poder encontrarnos con Él.

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