viernes, 2 de agosto de 2019

DIOS PADRE Y CREADOR… ¿DE QUIÉN, DE QUÉ? - Fundamentos (parte 4)


Photo by Liane Metzler

¿Qué pasa con el mal en el mundo?


Si todo estaba bien hecho, ¿está Dios satisfecho con el mal, las desgracias, los hombres malos (asesinos, terroristas, violadores, violentos, ladrones…), la muerte…? ¿También es obra de Dios? Todo esto lo trataremos más adelante, pero vamos a dar un pequeño avance para poder entender ciertos temas fundamentales de nuestra fe.


La respuesta a las preguntas anteriores es sí y no... Pero veámoslo despacio para no caer en errores. Dios ha creado a todos los hombres, buenos y malos. Y a todos los ama. Porque si algo o alguien de lo que existe no hubiera sido querido, sencillamente no existiría. Pero Dios no los ha creado malos y buenos. Dios ha creado al hombre con unos dones únicos en la Creación. Entre ellos, la libertad y el libre albedrío. Es decir, el hombre es el único que puede decidir por sí mismo rebelarse contra su Creador, darle la espalda y vivir como si no existiese. Puede también desobedecer las leyes naturales que tenemos todos inscritas en el corazón y cometer cualquier tipo de tropelía. Dios nos ha concedido un gran poder: la libertad. Y como le dijeron a Spiderman, “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”. ¿Cuántos males y desgracias que ocurren en nuestros días vienen de la mano de hombres y mujeres que han errado su camino? Esto no ha sido querido por Dios. Es una consecuencia de ese regalo inmenso que nos hizo. Se la jugó aun sabiendo que podíamos traicionarle. Pero no se arrepintió de habernos creado. Él sigue amando a buenos y malos y eso no cambiará jamás.


Así pues, Dios no creó el mal. Este vino por el mal uso del hombre de su libertad para elegir a Dios o negarlo (negarse a recibir su amor) e ir por otros derroteros. La elección equivocada es lo que conocemos como pecado. Y este pecado se remonta ya a nuestros ancestros más remotos: Adán y Eva. El libro del Génesis nos relata también su caída, seducidos por la serpiente, representación del Demonio (de él también hablaremos en otro capítulo; pero sí, Dios también creó al Demonio, aunque cueste creerlo…).


Como consecuencia del pecado del hombre, que provoca que el propio hombre se vaya destruyendo y destruya también la creación que le rodea (personas, animales, naturaleza, etc.), Dios establece que la vida del hombre en el mundo creado tenga término. De este modo y dependiendo de lo que el hombre busque y cómo oriente su vida, podrá volver a encontrarse con su Creador o se perderá definitivamente. Porque la persona no es solo materia: en cada uno de nosotros habita un alma, que es inmortal. Es ésta la que, en “un nuevo cielo y una nueva tierra” y revestida de un cuerpo ya incorruptible, habitará para siempre con Dios.


Pero como el hombre por sí solo tenía complicado lo de elegir a Dios frente a las tentaciones que nos plantea el Demonio, Dios pensó desde siempre en un plan B: Jesucristo. Como veremos en el siguiente capítulo, Jesús va a ser nuestro Salvador, librándonos (si nosotros queremos) del poder del pecado y abriéndonos las puertas de la eternidad con Dios Padre. Dios, en Cristo, ofrece la salvación a todos, sin excepción.



Padre de todo y de todos


Dios, como origen de todo lo creado (incluyéndonos a nosotros), es como nuestro padre y madre.


Aunque muchas religiones ya habían tenido esta intuición antes del Cristianismo, nosotros contamos con la revelación que hace Jesucristo. Él nos presenta a Dios como Padre y a nosotros como sus hijos amados. Cada uno somos un proyecto de amor del Padre. Él nos ha dado la existencia porque ha querido y nos ha colmado con toda clase de bienes materiales y espirituales. Nos cuida y ha puesto en el mundo todo aquello que necesitamos para encontrarnos con Él. 


Esto nos debe llevar a considerar que el objetivo del hombre no debe ser perpetuarse en este mundo, ni vivir lo mejor posible rodeado de lujos o simplemente salir adelante. Nuestra meta es vivir nuestra vida, allá donde cada uno estemos, de modo que algún día podamos volver a casa y reunirnos con nuestro Padre.


Por eso Dios Padre, que sigue siendo creador e infinitamente original, nos envía regalos que a veces no entendemos (¿quién entiende una enfermedad, una situación de paro, un nuevo hijo, un accidente…?). No es que Dios sea cruel y nos castigue. Al contrario, como nos ama tiernamente pone en nuestra vida situaciones que nos hacen despertar y fijar nuestra mirada en lo único que importa: nuestro camino hacia Él, hacia la Vida Eterna. Cuando nos vamos desviando, centrando nuestro día a día en cuestiones y preocupaciones que solo nos alejan de Él y que nos arrastran inevitablemente al pecado y a la tristeza que este conlleva, Dios actúa como un padre que a veces nos tiene que hablar con severidad y ponernos de nuevo en la pista de nuestra salvación. Este camino es el que nos llena de alegría y nos hace vivir plenamente, incluso atravesando una enfermedad o una situación dolorosa. Un misterio, ¿verdad? Pero cierto como la vida misma.


Nos queda por resolver una gran duda. ¿Qué ocurre con la gente que, por nacer donde han nacido o por circunstancias ajenas a ellos, están sumidos en situaciones terriblemente adversas (miseria, violencia, injusticias, etc.)? ¿Qué clase de padre querría esos padecimientos para sus hijos? 
De esto también hablaremos un poco más adelante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes dejar un comentario. Será bien recibido... a no ser que sea ofensivo.