
Photo by Kyle Cottrell

¿La Creación se acabó tras esos “seis días”?
O lo que es lo mismo, ¿podemos decir que Dios terminó su
labor y ha dejado su creación a merced de las leyes y procesos de la naturaleza
y el cosmos?
Es cierto que Dios creó todas esas leyes y procesos para gobernar
el Universo. Pero Dios no se ha ido de vacaciones.
En esos “seis días” el Universo quedó preparado para
albergar al hombre. Y todo era (y es) sencillamente perfecto (“y vio Dios que estaba bien”). Y Dios
creó al hombre, su obra maestra, el culmen de la Creación (“y todo estaba muy bien”). Y lo puso al
cuidado de ella.
Tras esos “seis días” simbólicos, dice el relato del Génesis
que Dios descansó. Ese descanso representa la consumación de la Creación,
cuando “Dios será todo en todos” al final de los tiempos. Nuestro domingo
representa de alguna forma esa fiesta y alegría en la que viviremos
eternamente, sin los sufrimientos y agobios del día a día.
Mientras llega ese “domingo sin ocaso”, nos toca a nosotros
colaborar con Dios en la labor creadora. Dios nos ha dado a los hombres
inteligencia y aptitudes para seguir creando, para investigar, para fabricar,
para trabajar… Pero sobre todo nos ha concedido ser co-creadores con Él
trayendo hijos al mundo a través de una paternidad responsable.
La Creación quedó concluida al cabo de los “seis días”. Pero
Dios no ha desaparecido. Estamos al cuidado de su Creación, pero no solos.
Hablaremos de ello más adelante, pero como anticipo conviene decir que la
acción creadora de Dios no se ha detenido. Hoy Dios sigue pendiente de su
Creación. Es más, sigue pendiente de la historia de la humanidad y en concreto,
de la historia de cada una de sus obras maestras: nosotros. La Biblia narra la
acción de Dios en la historia de los hombres, en la historia de un pueblo (el
de Israel) y en la vida de muchas personas que descubrieron que, detrás de lo
que les pasaba o de lo que ocurría a su alrededor, estaba la mano misteriosa de
Dios. Y, curiosamente, si nos paramos a pensar, veremos esa misma mano en
nuestra propia vida.

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