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| Photo by Johannes Plenio |
Dios y la creación
Partimos de dos premisas: Dios es omnipotente, es decir,
todo lo puede. Y existe desde siempre.
Podríamos pensar que Dios creó el Universo para no
encontrarse solo. Pero no lo estaba. Dios es una familia, es comunión de
personas: la Trinidad. Por tanto, no necesitaba compañía.
Se dice que el amor no puede encerrarse, no puede ser
egoísta. Para que sea auténtico debe compartirse, debe donarse. De lo
contrario, se marchita y se convierte en algo egocéntrico.
Dios creó el mundo como puro don por amor.
Dios creó el mundo como puro don por amor.
Derrochó su amor primero en una creación espiritual (el
mundo angelical), para completarla con la creación de nuestro universo
material. En esta segunda creación aparecen el tiempo y el espacio y las leyes
de la naturaleza que los rigen.
¿Creación o evolución?
¿Se pueden casar el relato de la Creación del libro del
Génesis con las teorías modernas sobre la formación del universo y la
evolución? La respuesta es sí.
Pero no podemos pretender que la Ciencia explique el origen
último (como ya vimos en el capítulo anterior) ni el fin al que están
orientados todos los procesos naturales. Del mismo modo, la Ciencia tampoco
puede dar respuesta a las preguntas sobre la razón del universo o de los
hombres, de la vida o de la muerte, o sobre el sentido y misión que tiene la
vida de cada hombre.
Del mismo modo, no debemos pedir a la Religión que explique y detalle las bases científicas de los procesos del Universo.
Del mismo modo, no debemos pedir a la Religión que explique y detalle las bases científicas de los procesos del Universo.
La Biblia no es un libro de divulgación científica. Es un
libro inspirado por Dios a personas de carne y hueso que fueron plasmando dicha
inspiración en escritos a lo largo de los siglos. En cada momento utiliza el
lenguaje y la simbología adecuada para las personas de su tiempo. ¿Quiere decir
eso que ya no sería válido en nuestro tiempo? En absoluto. Solo hay que saber
leerlo con las claves adecuadas. Ese es uno de los papeles fundamentales de la
Iglesia.
Si nos damos cuenta, el relato de la Creación en seis días
describe simbólicamente todo el proceso de creación y preparación del Universo
y la Tierra para que finalmente apareciera el hombre sobre ella. Cada día
probablemente fueron miles o millones de años. Eso le toca a la Ciencia
estudiarlo. Pero el origen es claro: Dios. Y el fin también: el hombre, culmen
de la Creación. Todo este Universo se creó para nosotros. Por amor.
Por tanto, no se debe caer en leer al pie de la letra los
primeros capítulos del Génesis como si fuera un libro de historia (eso se llama
“Creacionismo”). Pero tampoco debemos caer en el “Evolucionismo”: el hombre es
el producto casual de procesos biológicos.
¿Deberíamos rechazar entonces las teorías evolucionistas?
No, porque dan una explicación plausible de cómo debió ser ese proceso de
preparación del mundo para la aparición final del hombre sobre nuestro planeta.


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